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Wednesday, January 6, 2010

Entrevista a Edmundo Desnoes: El escritor y sus recuerdos


Recuerde el alma dormida,
Avive el seso y despierte,
contemplando…

Entrevista a Edmundo Desnoes
Yani Angulo-Cano

Edmundo Desnoes es el autor de la novela emblemática del período revolucionario, Memorias del subdesarrollo y de su reciente secuela, Memorias del desarrollo. En estos textos Desnoes nos ha legado dos protagonistas que se esfuerzan por entender, pero sobre todo sentir, el efecto que la Revolución ha tenido sobre ellos en Cuba y en EEUU. Las vivencias de Sergio y Edmundo; o sea, las asperezas sufridas por éste en su adaptación al “norte frío y brutal”, junto con el trauma sufrido en la isla por aquél, dramatizan y reafirman el proceso a través del cual muchos cubano-americanos se han hecho de una nueva identidad tanto de carácter personal como de grupo. Me parece muy indicado, igual que también considero todo un privilegio, poder contar con la colaboración de Edmundo Desnoes en esta aventura comunicativa. Mi más sincero agradecimiento a Edmundo por su caballerosa gentileza de otorgarme una entrevista para el debut de Manguito Review.

Edmundo, con el pasar de los años crece en importancia el filme, Memorias del subdesarrollo, al punto que podría considerarse entre las mejores realizaciones del cine latinoamericano. Como ésta es una película de ambigua paternidad— novela original tuya, llevada a la pantalla con la dirección de Tomás Gutiérrez Alea— recuerdo que alguien ha dicho que si el fracaso es huérfano, el éxito tiene muchas madres; o sea, me gustaría hacerte dos preguntas al respecto: (1) ¿qué grado de originalidad le otorgas a la película de Titón? y (2) ¿qué siente el creador de la palabra escrita— escritor de ficción o guionista— cuando ve que el mérito de su labor tiende a disminuir ante la rutilante experiencia cinematográfica?

― Yo soy la madre de Memorias del subdesarrollo y Titón es el padre que llevó la criatura al cine. Se reconoció en la pantalla; no tanto su cuerpo como su experiencia y sus ideas. La subjetividad de Sergio se forjó en mi vientre y el padre lo llevó a viajar por el mundo donde los muchos descubrieron en imágenes lo que sólo unos pocos habían leído, imaginado leyendo la novela.

Para qué negarlo: me irrita que atribuyan a Gutiérrez Alea las ideas y visión del personaje. Al mismo tiempo estoy y estaré siempre agradecido a Titón por haber reconocido las enormes posibilidades de darle carne y espacio a la interioridad de mi personaje. Junto con el director, como guionista, añadí secuencias vitales a la narración cinematográfica. Titón reconoció la importancia de la experiencia del personaje y Sergio Corriere lo interpretó magistralmente. Pero yo soy Sergio.

Mi única originalidad es haberle dado interioridad a la literatura de nuestra isla, subjetividad al estruendo histórico y social de la revolución.

Algo que desespera a muchos cubanos que voluntaria o involuntariamente han abandonado el país, es la importancia que a nivel continental se le atribuye a la Revolución Cubana, fenómeno que se expresa de espaldas al sufrimiento del pueblo cubano. ¿Cómo puede hacer el escritor cubano en el exterior para ayudar a balancear esta imagen? ¿Podría ser ése uno de los posibles enfoques interpretativos de tu última novela, Memorias del desarrollo?

― La trascendencia histórica de la revolución cubana y la agonía de tantos hombres y mujeres arraigados en la isla es lo que descubre y expresa la voz del narrador de Memorias del subdesarrollo. Andando por las calles de La Habana Sergio anticipa la ruina de la ciudad. Pablo, su amigo, pone el dedo en la llaga cuando afirma que somos una isla demasiado pequeña para la enormidad del sueño de una revolución continental. Como dijo con dolorosa ironía el ex presidente Grau San Martín de las buenas intenciones de los rebeldes en el poder: “Estos muchachos son incosteables.”

La revolución es una herida que acaricio con ternura, sufro y, tengo que admitirlo, gozo de la intensidad de la experiencia. No puedo negar la experiencia que vertebró mi vida. Esta declaración será un escándalo para los que sufren el abrazo asfixiante de la isla. ¿Hemos pagado un precio demasiado alto por haber vivido un sueño hoy convertido en pesadilla?

Memorias del desarrollo, la segunda parte del díptico, es implacable con la figura de Fidel Castro. Fidel se ha convertido en un bastón con empuñadura de plata y cabeza de perro que me ayuda a caminar por las calles de Nueva York, y con el que sostengo conversaciones imaginarias. Le recrimino pero me apoyo en la experiencia. Todo análisis riguroso de nuestra historia reciente debe empezar con una crítica a Fidel y Raúl y el Che. Esas figuras, sin embargo, son intocables en la isla. Memorias del desarrollo termina con una denuncia: el fracaso de la revolución por haberle ofrecido y luego negado el futuro a la juventud. Nosotros la gozamos, los jóvenes la padecen.

Que quede bien claro; estoy en contra del cambio de régimen, pero a favor de un sueño imposible; una liberalización regulada de la economía y una auténtica libertad de movimiento y expresión. La destrucción del régimen, siento, crearía el caos en la isla. Nuestra historia debe tener continuidad, inclusive la restitución de las estatuas derribadas de Estrada Palma y Zayas, malos presidentes, pero nuestros antepasados. La esencia de nuestra identidad está tanto en las humillaciones de la época colonial, como en la castración del relajo musical de la república, y así como en el sueño de justicia social y auge cultural de la revolución. Somos un pueblo existencial y la revolución nos impuso un idealismo represivo. Esas son nuestras cartas, las cartas con las que debemos jugar. El pueblo que rechaza cualquier aspecto de su cuerpo histórico rechaza su identidad. Somos ángeles que defecan.

En Memorias del subdesarrollo ya se presentaba la tragedia del destierro de muchas familias cubanas. Con el paso de los años, la emigración cubana ha alcanzado cifras tan altas que, junto a los cambios sociales dentro de la isla, crea las siguientes interrogantes: (1) ¿Qué aspectos del patrimonio cultural se han perdido para siempre? y (2) ¿Qué les ha enseñado el sufrimiento a los cubanos dentro y fuera del país?

― “¿Sabes lo que yo más quisiera en este momento?” me preguntaba retóricamente un amigo que apenas tenía 10 años al momento del triunfo de la revolución. “Me gustaría ir a la bodega y pedir un Ironbeer, o un Orange Crush, o un Cawy, o siquiera una gaseosa Salutaris…” Era un hombre hecho y derecho, en el bochorno del verano a mediados de la década de los setenta, soñando con la variedad de refrescos a disposición de un niño durante los últimos años de la república mediatizada. “Ni siquiera un guarapo.”

La revolución había eliminado desde la variedad de los refrescos hasta la deliciosa crueldad de soñar con dar un salto de clase. La variedad es una ley de la naturaleza, la existencia de múltiples especies y más diversidad de frutas que de marcas de automóvil aumenta el placer, la frustración y la belleza del planeta. ¿Dónde están los anones, la guanábana y los mamoncillos? El mayor crimen de la revolución es haber reducido la existencia a un mínimo común denominador. El zapatero de la esquina, el relojero de la avenida desaparecieron y en su lugar aparecieron un par de consolidados grotescos e ineficientes.

La imposición de una ideología igualitaria intentó y sigue intentado devorar la diversidad existencial de la isla. Nadie debe quedar a la intemperie, las necesidades básicas deben amparar a todos, pero es siniestro imponer a la infancia un sueño grotesco e imposible: “ser como el Che.”

Las opiniones no deben imponerse como verdades absolutas. “El autor (y todos debemos ser los autores de nuestras vidas) debe tratar de ser un amanuense del Espíritu”, como insistió Borges, “no de sus opiniones, que son lo más superficial que hay en él.”

Las opiniones impuestas por la dirigencia de la revolución han empobrecido la vida nacional; la corrupción, la escasez y la represión son más asfixiantes que el relajo de la república. El choteo es nuestra manera de sobrevivir la imperfección de toda existencia.

He vivido en carne propia y siento en muchos cubanos una profundización de nuestra sensibilidad. La revolución nos ha hecho más universales y más conscientes de que los sueños de justicia social pueden producir monstruos que niegan la enorme diversidad (deliciosa y a veces cruel) de la existencia. Nos ha dado interioridad y complejidad. El cubano ha crecido gracias al fracaso del sueño revolucionario. Si Martí insistió en que había que ser culto para ser libre, el cubano ha logrado la primera parte de la recomendación, somos hoy más cultos aunque menos libres. Tal vez debemos reconocer que la Biblia se acerca más a la verdad: “El que añade ciencia añade dolor.”

Para resumir: hemos perdido en diversidad pero hemos ganado en profundidad, así en la isla como en la diáspora del exilio. Me siento más orgulloso hoy de ser cubano que a mediados del siglo pasado.

En Memorias del desarrollo hay elementos obviamente autobiográficos; es decir, compartes nombre y apellido con el protagonista, además de los datos de tu exilio en Italia y EEUU, pero también aparecen otras vivencias de menor transparencia autobiográfica; tal como, el inglés como lengua materna, o incluso la potencialmente problemática relación con Dorothy. ¿Es este texto una autobiografía novelada o es una novela decorada con elementos autobiográficos?

― Todo gira en torno al más huidizo de los conceptos literarios, eso que llaman realismo. Para mí realismo es una mezcla de lo vivido con lo imaginado. La existencia y la imaginación. Narro lo que me ha ocurrido, mezclado con lo me hubiera podido ocurrir, con lo que imaginé: sea porque lo he deseado o porque temía que me estaba a punto de acontecer. Podría decir: todo lo que he narrado lo he vivido con intensidad. Escribo tanto para expresarme como para completarme.

Para mí la existencia tiene dos polos: el individuo y el contexto de su vida. “Yo soy yo y mi circunstancia,” como propuso Ortega y Gasset. No hay historia que no encarne en un individuo, y no hay individuo sin raíces en la historia. Eso es Sergio: la resonancia de nuestra turbulenta historia en la conciencia desgarrada de un individuo.

Otra característica intrigante de esta novela resulta de su ambiente lingüístico; es decir, es frecuente en ella encontrar expresiones, oraciones y diálogos en inglés (y francés, aunque mucho menos frecuente). Aunque te esmeras en transmitir el mensaje de estos pasajes dentro del texto en español, no siempre se obtiene una traducción del todo fiel al mensaje original. Lo que me hace preguntarte, ¿está Memorias del desarrollo reservada para un lector bilingüe, incluso trilingüe? Y de ser así, ¿no temes limitar el acceso del mayor público posible al contenido de tu novela?

― Si una lengua es una manera de pensar y vivir, la convivencia, el abrazo y la lucha entre el español y el inglés es una de las claves de mi vida y mi obra. Y de nuestra isla. Nací en español pero mi Quijote ha vivido las dudas de Hamlet.

Mis raíces se hunden en la pedregosa tierra del español pero tengo precarias ramas en inglés. Así mi propia vida: mi abuelo paterno ayudó a organizar la guerra necesaria como delegado del Partido Revolucionario Cubano en Jamaica donde mi padre conoció a mi madre: una mujer de habla y pensamiento inglés. Yo hablaba español con Oscar, mi padre y en las calles de La Habana e inglés con Hilda, mi madre dentro de las paredes de mi casa o en el jardín donde cultivaba rosas mientras mi padre administraba un banco en Cuatro Caminos y tenía aventuras por la ciudad. Mi madre me llevó a ver Blanca Nieves y mi padre a contemplar los muslos de las coristas en el Teatro de la Comedia.

Memorias del desarrollo tiene un narrador que piensa en español, pero los diálogos que ocurren en inglés aparecen siempre en inglés, nunca en traducción aunque siempre he tratado de hacer inteligible el contenido. El genio de una lengua se pierde siempre en toda traducción.

Si algunos diálogos en inglés escapan al lector de lengua española es porque aunque nos comunicamos no siempre nos comprendemos. Hay elementos opacos, incompatibles entre los nacidos en español y los nacidos en inglés desde la confrontación histórica entre España e Inglaterra y agudamente desde la derrota de la Armada Invencible en 1588. Nuestra América y los United States of America sostienen una lucha cuerpo a cuerpo –y nada se parece más al abrazo que la lucha cuerpo a cuerpo según Miguel de Unamuno.

Por último, la auto-marginación del Sergio de Memorias del subdesarrollo encuentra un paralelo en la vida del casi ermitaño Edmundo de Memorias del desarrollo. ¿Por qué la paradoja de que mientras más ellos quieren ser parte del mundo que les rodea, menos logran establecer lazos con esa realidad? ¿Cómo se explica que mientras más preparados están ambos para el discurso social (bilingüismo, biculturalismo, etc.), solo logran alcanzar la soledad de la marginación?

― Es cierto que “mientras más ellos quieren ser parte del mundo que los rodea, menos logran establecer lazos con esa realidad.” Al mismo tiempo creo que esa es una de las búsquedas esenciales de hombres y mujeres. Hoy más que nunca nos sentimos desarraigados, expulsados del paraíso. Pensar es sentirse aparte, y nuestro discurso más poderoso es con nosotros mismos.

Mi trabazón con la isla, mi pasión por la mujer, mi entrega a la literatura es mi forma de conocer y reconocerme. A los 79 años de mi residencia en la tierra, vísperas de los 80 de mi edad, aumenta la tensión entre la soledad y la comunión, la vida y el mar.

EDMUNDO DESNOES
Nueva York, 22 diciembre 2009

1 comment:

  1. Me he quedado prendada de tantas frases...somos angeles que defecan.
    Vi la pelicula Memorias del Desarrollo recientemente y me parecio buenisima. Pero quiero leerme el libro, por supuesto.

    gracias por la entrevista! me parece mentira que cosas buenas no tengan comentarios y tanta basura en internet con cien comentarios tontos.

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